Cómo transformar las amenazas en oportunidades
A veces, hasta las situaciones más “incómodas”, pueden dar un giro positivo y convertirse en un regalo
Manuel tiene 48 años. Llevaba los últimos trece trabajando de camionero para una empresa de transportes. Su vida era su trabajo: se iba de casa el domingo por la noche y no regresaba hasta el viernes por la tarde.
Un día la empresa quebró y Manuel, como otros tantos trabajadores, se fue al paro. Su vida se puso patas arriba.
Manuel sólo trabajaba, no hacía nada más, su día a día estaba dedicado al camión y a la carretera, con lo que en su vida se creó un tremendo vacío.
Enfocados en dos líneas de trabajo para superar el luto por despido
Los profesionales de tugiropositivo decidimos trabajar dos líneas principales con Manuel.
La primera de ellas estaba centrada en volver a encontrar un trabajo y regresar al mundo laboral. A pesar de todos los tabúes y toda la información negativa sobre la edad de Manuel, no supuso ningún problema y en tres o cuatro meses ya volvía a tener una ocupación laboral.
En la segunda línea de actuación lo más importante era poner en equilibro las áreas emocionales de Manuel, porque entendió que no podía volver al mundo laboral y dedicarse sólo a trabajar.
El descubrimiento de nuevas y antiguas aficiones
En el proceso de identidad, Manuel descubrió que había muchas cosas que le gustaban y que le hacían sentir bien. Durante mucho tiempo había dejado de lado aficiones y costumbres, y una de ellas había sido la bicicleta.
Retomó este deporte una tarde, con una bici vieja con la que se fue a dar un paseo. Lo que sintió en ese momento hizo que los paseos se repitieran, así que Manuel decidió invertir en una bicicleta mejor y en equipamiento, y encontró un grupo de personas con gustos similares con los que hacer rutas ciclistas.
Además, y desde hacía tiempo, a Manuel le hacía ilusión tener un pequeño huerto. Así que se hizo con un pedazo de tierra para sembrar y cuidarlo.
En los meses de paro descubrió nuevas actividades que le daban sentido a su vida, y cuando regresó al trabajo lo hizo con una estructura y un equilibrio ocupacional que antes no tenía.
Su día estaba compuesto de horas de trabajo, tiempo en familia y tiempo para dedicarse a la parte social, y al autocuidado.
Al empezar de nuevo a trabajar tuvo que modificar los horarios. No podía salir todos los días en bicicleta, por ejemplo, pero el centrarse en sí mismo y no estar todo el tiempo trabajando, como había hecho hasta el momento, fue una mejora sustancial, mucho más en equilibrio.
El despido, una situación de amenaza y desesperación, se convirtió en la base para poder construir una vida más equilibrada, en la que el pilar fundamental es el bienestar.
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